Historias

En sus propias palabras

“Servicio” es parte de sus nombres

Perder a un ser querido jamás es fácil, en especial después de meses o años de estar juntos. Es probable que sea uno de los desafíos más difíciles que enfrentamos muchos de nosotros. Una de las citas de Shakespeare sobre el dolor —“Las lágrimas riegan nuestro crecimiento”— se refiere a la resiliencia natural de los seres humanos.

Cuando tenía solo 8 años, el doctor Arthur Bergman perdió a su madre y, tres años después, a su padre. Después de una breve estadía con parientes, halló su hogar en la Academia de Oak Park y Union College (Colegio Unión) en Nebraska, quedándose en la residencia estudiantil todo el año y trabajando en la fábrica de escobas para pagar sus gastos de alojamiento y estudios.

El doctor Bergman ha sido voluntario de la Asociación General de la Iglesia Adventista durante 24 años, muchos de ellos en Radio Mundial Adventista. Ha trabajado en diversos departamentos, brindando una ayuda muy útil en numerosas tareas de oficina. Su sobrenombre es “Doctor Bi”, y muchos sienten un gran aprecio por él. Cada año, diversos departamentos ayudan a celebrar su cumpleaños; su nonagésimo aniversario fue ocasión de una fiesta sorpresa extra especial.

El interés del doctor Bergman en el servicio comenzó hace varias décadas. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado por el Ejército de los Estados Unidos, donde trabajó como técnico de rayos X. Pronto, fue enviado al Hospital General 177 de Le Mans (Francia). Cuando llegó el momento para que el Ejército dejara Europa, había más de un millón de soldados que necesitaban transporte para regresar a su hogar. El Departamento de Guerra usó un sistema de puntos para desmovilizar a los soldados del servicio militar. Se les daba prioridad a los que reunían cierta cantidad de puntos.

Mientras aguardaba su turno, el doctor Bergman se matriculó en un programa que permitía que los soldados estudiaran en una universidad europea por poco tiempo. En la Universidad de Bern, en Suiza, conoció a una joven adventista llamada Liliane Brennwald. Dos semanas después, le pidió casamiento. A lo largo de los años, hicieron todo juntos, viajando a menudo de regreso a Suiza desde su hogar en los Estados Unidos. Liliane compartía su interés en el servicio, siendo una fiel voluntaria en la Asociación General junto con su esposo hasta su fallecimiento en 2003.

Una vez que llegó el turno del doctor Bergman para ser dado de baja del servicio militar y salir de Europa, llegó a Estados Unidos y se matriculó en la Escuela de Medicina de la Universidad de Loma Linda. Después de su graduación en 1951, recibió un llamado para ayudar a iniciar un nuevo hospital en Camerún (África). Con el propósito de prepararse para esa nueva aventura de vida, pasó cinco meses en Londres (Inglaterra), donde recibió un diploma en medicina tropical, y entonces un par de meses en Francia estudiando francés.

Una vez que llegó a Camerún, trabajó junto a su cuñado, el doctor Fred Brennwald, cuidando a los pacientes en la clínica y el hospital. Además de su trabajo médico, se dedicó a hacer trabajos de construcción, como por ejemplo erigir la torre de agua y hacer las instalaciones eléctricas y de plomería. En el área médica, los momentos memorables del doctor Bergman incluyeron el nacimiento de su hija, Astrid Sadler, en 1956. Ella ahora reside en Florida (Estados Unidos), y es una enfermera en el Hospital de Florida Waterman.

Cinco años después, los Bergman regresaron a los Estados Unidos. Después de su residencia en anestesiología en la Universidad George Washington, trabajó en el Hospital Adventista de Washington hasta su jubilación en 1984. A poco tiempo de jubilarse, comenzó a servir a la comunidad local como voluntario una vez a la semana para el programa “Meals on Wheels”, distribuyendo comidas directamente a los hogares de gente mayor con movilidad limitada. La mayor parte de sus clientes viven en altos edificios de apartamentos y son bastante más jóvenes que él, “probablemente están entre los 60 y 70 años”. Continuó fielmente haciendo ese trabajo durante 27 años.

El doctor Bergman inspiró a su hijo Erik para que siguiera sus pasos. Erik se graduó de la Escuela de Medicina de la Universidad de Loma Linda, donde se especializó en oftalmología. Poco después, viajó a Suazilandia, en África, donde fue un cirujano oftalmológico misionero. Abrió una clínica de ojos que aún sigue operando en el presente. Tristemente, después de una breve batalla con el cáncer, Erik falleció hace dos años, pero su hijo Mark —nieto del doctor Bergman— espera continuar el legado familiar yendo pronto a estudiar medicina en la Universidad de Loma Linda.

Portando también esa tradición de la atención de salud y el servicio se encuentran dos nietas del doctor Bergman, Erin Bergman-Sperco y Amy Bergman, que son higienistas dentales. Amy trabajó durante un año en la China, y tiene aspiraciones de incorporarse al servicio

Mother and child listening to radio in front of simple home.

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