Historias

En sus propias palabras

Son el gozo de mi espíritu

Cuando Tan era una jovencita en Tailandia, le preguntó a un famoso monje de su pueblo natal: “¿De dónde venimos?”

“Él no supo qué contestarme”, cuenta.

Dos décadas después, Tan estaba viviendo en Bangkok y ya era adventista. Recién había ingresado a la iglesia (había sido bautizada apenas un año atrás), y estaba sumamente deseosa de compartir su fe con otros, de manera que llegó a dirigir un programa en la estación adventista local de FM.

“No tengo talento para la música”, dice Tan, “no obstante, tengo la habilidad de hablar con las personas, sean ancianas o jóvenes. Cuando era joven, no esperaba trabajar algún día en radio, pero por alguna razón, practicaba leer el periódico delante de un espejo”.

En la Radio New Life, Tan comenzó a ofrecer un programa en vivo todas las mañanas, y su voz podía escucharse en toda Bangkok, una creciente y sofocante área metropolitana de más de catorce millones de personas. Ella no sabía cuántos oyentes estaban sintonizando el programa, o quiénes eran, pero sin embargo, asumió con total seriedad su nuevo papel.

 “Era necesario pasar mucho tiempo en oración cada mañana antes de llegar al programa – dice Tan. Cada palabra que decíamos tenía que conectarse con el Espíritu Santo. No era yo quien les hablaba a los oyentes; era Dios quien estaba al frente. Si yo misma estaba desanimada, oraba para saber qué decir para inspirarlos”.

Una de las personas que seguía el programa era una mujer llamada Pensee. Un día había estado buscando estaciones de radio y encontró la Radio New Life. Tan estaba justamente en el aire en ese momento, y Pensee pensó que la locutora tenía una voz dulce. A Pensee también le gustó la música cristiana que pasaban con cánticos en tailandés. Pronto comenzó a interesarse en los mensajes que estaba escuchando, y se apuntó para recibir lecciones bíblicas de La voz de la profecía.

Dice Tan: “Pensee envió muchas lecciones completadas, hasta que recibió su certificado. Era una mujer muy curiosa, y quería saber todo lo que decía la Biblia. Más tarde, su esposo Suwit la acompañó en el estudio de las lecciones”.

Pensee y Suwit habían trabajado en el gobierno por muchos años y habían alcanzado importantes cargos. Pero los salarios no eran tan buenos, por lo que Suwit dejó su puesto para trabajar en construcción con su sobrino, que era arquitecto. Al tiempo cuando encontraron la Radio New Life, ya disfrutaban de una cómoda jubilación.

Pensee y Suwit, al igual que la mayoría de los tailandeses, eran budistas desde niños. Sin embargo, en los últimos cuatro años, habían comenzado a guardar el domingo con una iglesia bautista. Después de estudiar las lecciones bíblicas adventistas, sin embargo, comenzaron a pensar que muchas de las cosas que les habían enseñado en la escuela dominical “no eran la enseñanza de Jesús”. Y dijeron: “Se espera que nos interesemos en otros como lo hacía Jesús, pero cuando quisimos compartir las cosas nuevas que estábamos aprendiendo, los otros miembros de la iglesia no quisieron hablar con nosotros de eso”.

A pesar de todo, sus vínculos con sus amigos bautistas eran sólidos, y Tan era lo suficientemente sabia para ver la importancia de esas relaciones, aun cuando su propia amistad con Pensee y Suwit era cada vez mayor.

“En primer lugar, solo hablábamos por teléfono, casi todos los días —dice Tan—. Me conocían como amiga, pero solo a través de la radio y el teléfono. Entonces me invitaron a su casa. Más tarde, quisieron llevarme a su iglesia, y yo los acompañé de buena gana. Cuando fueron a otra provincia para hacer evangelismo para su iglesia, yo también los acompañé”.

Pensee y Suwit aún no se habían reunido con un pastor adventista, pero estaban pasando mucho tiempo con Tan. “Nos visitábamos mutuamente, y hablábamos muchísimo”, dice Tan con una sonrisa.

Finalmente, Tan invitó a Pensee y Suwit para que visitaran su iglesia por primera vez, cuando los miembros estaban celebrando un importante aniversario de la Iglesia Adventista en Tailandia. Pero aun entonces, jamás los presionó para que actuaran de acuerdo con los nuevos conceptos religiosos que estaban aprendiendo. “Yo solo les conté del sábado y les permití que llegaran a entenderlo por su cuenta —dice Tan—. Era importante no forzarlos”.

Otro locutor de radio invitó a los oyentes a unirse a un nuevo grupo adventista que se había iniciado en un lugar cercano a la estación. Pensee y Suwit comenzaron a asistir a esa iglesia, mientras aún participaban de su congregación bautista los domingos. “En ese tiempo, teníamos dos corazones —recuerda Suwit—. Durante meses, nos reuníamos a adorar a Dios los sábados y los domingos. No sabíamos cómo tomar la decisión. El pastor adventista dijo: ‘Han estado viniendo aquí por mucho tiempo; ¿por qué no dejan esa iglesia y se unen a esta?’ Pero se nos hacía difícil dejar a nuestros hermanos y hermanas”.

Pensee y Suwit finalmente tomaron la decisión de unirse a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Hoy día, viven en el campo, en las cercanías de la Universidad Internacional de Asia Pacífico, en Muak Lek (Tailandia). Aunque habían pasado toda su vida adulta en la gran ciudad, sintieron que Dios los estaba llamando a mudarse a Muak Let. Su pastor adventista de Bangkok había comprado un terreno en Muak Lek, y Pensee y Suwit hicieron lo mismo, adquiriendo un terreno poco después.

“Al comienzo teníamos miedo —dice Suwit—. Estábamos acostumbrados a Bangkok, y en el nuevo lugar todo era muy salvaje. Pero estábamos seguros de que Dios nos estaba guiando”. Trabajaron limpiando el terreno, construyendo una atractiva casa, y plantando una diversidad de árboles frutales.

¿Dónde estaba su querida amiga Tan para este momento de la historia? En realidad, ella se había mudado de Bangkok tiempo antes y había perdido contacto con Pensee y Suwit. Pero sucedió que no estaba para nada lejos: Estaba estudiando en la Universidad Internacional de Asia Pacífico, a solo minutos de distancia. Los tres amigos, junto con el esposo de Tan, se sintieron sumamente alegres de volver a reunirse.

“Pensee y Suwit no tienen hijos propios, de manera que han adoptado a muchos estudiantes en su hogar, y se han convertido en un centro real de calidez y hospitalidad —dice Tan—. Son sumamente activos como ancianos de iglesia, y la comunidad se ve bendecida por la obra que hacen”.

Al mirar hacia atrás a su experiencia en la Radio New Life, Tan dice: “No siempre podemos hablar directamente con la gente, y acaso pensemos que nadie está escuchando. Pero la radio es poderosa: alcanza a las personas en sus hogares, cuando están en lo privado y relajadas. Me hizo tan alegre hacer ese programa de radio y escuchar que los oyentes decían: ‘Los versículos de la Biblia que usted leyó realmente me animaron’. Aún guardo las cartas de la gente que me escribía. Ellas son el gozo de mi vida”.

“En Tailiandia hay 64 millones de personas —dice el doctor Surachet Insom, director de capacitación regional de Radio Mundial Adventista en Asia Pacífico y coordinador de radio para Tailandia y Laos—. ¿De qué otra manera podemos tener la esperanza de alcanzar a todos ellos, a menos que sea por medio de la radio?

 

 

 

Mother and child listening to radio in front of simple home.

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