Historias

En sus propias palabras

Ellos la llamaban “Glo”

Algunas personas poseen un don muy especial: cuando uno está en presencia de ellas, el día parece más brillante, y uno termina sintiéndose mejor en general.

Gloria Eaker es una de esas personas. Lo que se destaca en ella no es tan solo que posee ese don, sino que tiene la capacidad de irradiar alegría y optimismo frente a desafíos personales significativos.

Gloria ha sido voluntaria en la Asociación General de la Iglesia Adventista durante los últimos seis años, y una de sus principales tareas ha sido la de ayudar a Radio Mundial Adventista (así también como al departamento de Misión Adventista) en diversas tareas de oficina. A pesar de ello, hace poco recibimos su aviso de renuncia. Gloria tiene 84 años, y triste es decirlo, las complicaciones de su avanzada edad ahora le impiden hacer lo que ama.

Y en efecto, siempre ha disfrutado de estar allí en la Asociación General, según lo prueban sus 41 años de empleo en el edificio, donde trabajó en el mismo departamento durante todos esos años.

Dice Gloria: “Comencé en 1952, en lo que entonces se conocía como el Servicio de Seguros de la Asociación General [hoy día Adventist Risk Management].

”En esos días, en el antiguo complejo de la Asociación General en Takoma Park, sobrevivíamos sin aire acondicionado, con máquinas de escribir usadas, y subíamos a pie hasta el décimo piso hasta el comedor de los empleados. Con el tiempo tuvimos computadoras, pero las primeras venían sin el mouse, y no teníamos correo electrónico. ¡Las cosas han cambiado muchísimo!”

Una de las citas más graciosas durante la entrevista se produjo cuando Gloria dijo: “No trabajábamos tanto en ese entonces, pero por supuesto, entonces no teníamos computadoras”.

Esto aparentemente hacía que hubiera tiempo para la actividad popular de decorar las oficinas de los colegas —después de las horas de trabajo, como deja ella en claro— para cualquiera y para todas las ocasiones. Gloria tiene un álbum completo de fotografías que documentan elaboradas escenas de Navidad, Halloween y nacimiento construidas alrededor de su cubículo. El punto destacado fue el año del castillo, completo con paredes de cartón, cortinas de papel y una alta corona de plata.

No obstante, lo que a Gloria le gusta recordar por sobre todas las cosas son las relaciones personales que hacen que cualquier lugar de trabajo resulte satisfactorio. “Si comparamos la oficina de ayer con la de hoy, parece que entonces era más fácil conocer a las personas. Hoy día, todos están más ocupados y desparramados. Pero aún quiero a todos los que están aquí; la gente es tan amigable y cálida, y me abraza. Me encanta trabajar como voluntaria, y volvería a hacerlo”.

Habrán sido esas bienvenidas las que hicieron que Gloria regresara cada martes y jueves, avanzando lentamente por los pasillos con su bastón, y aferrándose a su cuaderno que hace posible que la gente se comunique con ella.

Verá usted, Gloria ha estado sorda por casi cincuenta años. De niña, perdió el oído de un lado, y para la década de 1960, la audición en su otro oído comenzó a deteriorarse. Las medicinas y la cirugía no la ayudaron, y una mañana, Gloria se despertó y descubrió que ya estaba completamente sorda.

“Fue muy duro —cuenta ella—. No puedo decir que quedé ciento por ciento desanimada, pero realmente extrañaba hablar con mis amigos. Un día uno puede escuchar, y al día siguiente ya no se puede escuchar nada. Probé diferentes audífonos, pero no funcionaban muy bien, y ya no podía seguir gastando más dinero en ellos. Estudié el lenguaje de señas durante un año, pero lo logré aprenderlo demasiado bien”.

Muchos habrían sentido la tentación de rendirse ante el desánimo, pero Gloria dice: “Siento que mi fe siempre ha sido fuerte, y de una manera u otra siempre me he recuperado de los golpes que he recibido. Creo que una ligera risa es mucho mejor que nada”.

La fe de Gloria será probada ahora más que nunca, dado que también su vista ha comenzado a fallar. A pesar de ello, dice: “Dios aún está al frente del mundo, y sé que él me va a ayudar a atravesar esta situación. Siento que estoy mejor que otras personas. No se rindan, porque Dios los ama, así como ama a todas las personas. Sigan adelante, y un día Cristo ha de regresar”.

Sí, hay una buena razón por la que los compañeros de Gloria le pusieron un sobrenombre hace ya tantos años: La llamaban “Gloria la resplandeciente”.

Mother and child listening to radio in front of simple home.

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